Pasé la mayor parte de mi carrera dentro de Forcepoint, una empresa de ciberseguridad que trabaja con gobiernos y corporaciones que no se pueden dar el lujo de equivocarse. Vi cómo la inteligencia artificial pasó de ser una promesa de conferencia a convertirse en el centro de cómo se defiende una organización hoy. Y en algún punto de esos dieciocho años empecé a notar algo que no tenía nada que ver con mi trabajo: los pastores que conocía tomaban decisiones importantes sobre tecnología sin ningún marco para pensarlas.
No es que les faltara inteligencia. Les faltaba el vocabulario, el contexto, y sobre todo, alguien que les tradujera lo técnico sin venderles miedo ni humo. Eso es exactamente lo que hago distinto en mi trabajo diario: no vendo pánico, y tampoco vendo la idea de que la última herramienta lo va a resolver todo. Traduzco. Y me di cuenta de que esa traducción le hacía falta al púlpito tanto como a la sala de juntas.
El problema no es la tecnología. Es decidir sin marco.
Un pastor que lleva veinte años guiando a su congregación ya sabe discernir. Sabe cuándo confrontar y cuándo esperar. Sabe leer una situación compleja y tomar una decisión pastoral con las manos temblando pero con la cabeza clara. Ese discernimiento existe. El problema es que casi nadie le ha enseñado a aplicarlo a preguntas como: ¿deberíamos usar inteligencia artificial para escribir el boletín? ¿Es seguro guardar los datos de los niños del ministerio infantil en una hoja de cálculo compartida? ¿Cómo sabemos si ese correo "urgente" realmente lo mandó el tesorero?
Ninguna de las iglesias con las que hablé estaba siendo descuidada a propósito. Estaban reaccionando a cada nueva herramienta o cada nuevo riesgo sin un criterio compartido para evaluarlo. Eso agota a cualquier liderazgo, tarde o temprano.
Así nació Púlpito Digital: un diplomado híbrido, presencial y digital, respaldado por Fundación Emanuel Tijuana, para pastores y líderes que necesitan justo eso — no un curso de programación, sino un marco de discernimiento pastoral aplicado a decisiones de tecnología.
No es un curso de tecnología. Es un curso de discernimiento.
Aquí es donde la mayoría de la gente se equivoca sobre el programa antes de conocerlo. Asumen que vamos a enseñar a usar aplicaciones, o que vamos a dar una charla sobre los peligros de internet. No es eso.
El objetivo central es más sencillo y, creo, más honesto: no queremos hacer expertos en tecnología a los pastores. Queremos que apliquen el discernimiento que ya tienen —el mismo que usan para aconsejar un matrimonio en crisis o para decidir cómo manejar un conflicto en el liderazgo— a un terreno que hasta ahora sentían ajeno.
"Examinadlo todo; retened lo bueno."
1 Tesalonicenses 5:21 (Reina-Valera 1960)Ese versículo es el ancla de todo el programa. No dice "rechacen todo lo nuevo" ni dice "adopten todo sin preguntar". Dice examinen. Eso es exactamente lo que le falta a la conversación sobre tecnología en la iglesia hoy: no una postura de miedo ni una de entusiasmo ciego, sino una de examen cuidadoso.
Tres sesiones, un mismo hilo
El diplomado se estructura en tres sesiones presenciales de 90 minutos cada una, complementadas con contenido digital que se libera después de cada encuentro. La primera, en julio, cubre el panorama general y el marco de discernimiento. La segunda, en agosto, entra en riesgos concretos: protección de datos, fraude digital, e inteligencia artificial. La tercera, en septiembre, se mueve hacia el discipulado digital, la multimedia, y un plan de implementación de noventa días.
La certificación requiere ambas partes —la presencial y la digital— porque ninguna de las dos por sí sola cumple el propósito. Sin el encuentro presencial, se queda en teoría. Sin el contenido digital, se queda en una tarde memorable que nadie vuelve a aplicar.
- Reúne a tu equipo de liderazgo y hazles una sola pregunta: ¿qué decisión de tecnología hemos tomado este año sin un criterio claro? No busques culpables, busca patrones.
- Elige una sola área —datos, redes sociales, o herramientas de IA— y decide que ahí empezará el examen, en vez de intentar abarcarlo todo a la vez.
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No tienes que llegar con respuestas. Tienes que llegar dispuesto a examinar. Eso ya es más de lo que la mayoría de los liderazgos eclesiales se ha permitido hacer con este tema.